Soy una necia

Una necia, una neurótica… ¿Cómo puedo odiar a mis amigas que follan por algo que no me han hecho sino que me he infligido yo misma: la frustración sexual? Si soy una mujer sexualmente reprimida es por una decisión íntima y personal que nadie me ha impuesto. Yo sola tomé esta decisión y yo sola la sostengo.

Si eso me produce amargura, bueno, era como lógico. La abstinencia permanente puede producir desórdenes. Unos previsibles, otros no. Por ahora me tiene amargada, resentida, rencorosa. También ando insomne, rabiosa, con arranques de llanto, migrañas, nerviosismo.

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Me da rabia ver parejas felices, por ejemplo. Soy una solterona prematura. Pero no soy pudibunda, gozo mucho viendo parejas follando delante de mí.

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Pero al mismo tiempo aguantando la locura de deseos que me entra, como una estúpida, porque nada me cuesta participar activamente y dejar que alguno de los chicos me folle bien rico. Pero no, jamás considero esa posibilidad. Quiero mantenerme reprimida como estoy.

¿Por qué me niego esas delicias? Yo misma no lo sé, no lo entiendo. Paradójicamente no entiendo algo de lo que estoy marmóreamente convencida: no tener alivio sexual nunca en toda mi vida. Es una aventura trepidante, fascinante, asombrosa, que me tiene seducida y atrapada. Es así como quiero vivir el sexo, desde fuera, mirando nomás, no sintiendo sino la ansiedad de no gozarlo nunca ni jamás, como una necia, como una morbosa. Y sufrir ataques de rabia.

A veces dejo que un chico me besuquee y manosee, pero sólo para aumentar mi ansiedad. Me encanta estar ansiosa, mientras más ansiosa mejor porque me causa más sufrimiento. Y me gusta sufrir mirando a una o más parejas copulando mientras me mantengo excluida, ignorada, arrinconada sólo mirando lo que nunca he hecho y jamás haré. ¡Me encanta sentirme apartada mientras otros hacen esa maravilla!

¡Me fascina el sexo! No es por inapetente o por disgusto que me mantengo virgen e insatisfecha. Es curiosidad de ver qué resultado tiene no follar ni masturbarme a pesar de desearlo con tanta vehemencia. Me encanta pasar horas y horas, noches enteras, llorando deseosa, enardecida de ganas de hombre, negándome incluso el placer solitario.