@virgenmorbosa
Virgen y morbosa
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2016-06-01 07:21:41

    Fisgonear

    Llego de la calle con mi atuendo demodé, anticuado, oscuro, de solterona, de tonta. Hallo a mis amigos-patrones, que me invitan a tomar el té con ellos. Están desnudos, pero acepto el desafío de estar tan cerca de dos cuerpos impúdicos, me asombra su descaro ante una virgen, cómo les importa un comino lo que eso me altera. Conversamos animadamente sobre trivialidades y pronto sucede lo predecible, lo que yo estaba esperando: comienzan a besuquearse y acariciarse y sé que se terminó el interludio de camaradería. Vuelvo a ser su sirvienta y nada más. Me voy a mi recámara y me cambio: me pongo mi uniforme raído de mucama tonta y emerjo descalza como empleada doméstica. Los veo de reojo revolcándose en el sofá, divirtiéndose y siento el escalofrío de la envidia recorrerme toda entera.

    Me pongo a cocinar, de vez en cuando me asomo a verlos follando rico porque me encandila ver eso que nunca hago. Me estremece no sólo lo que hacen sino que nunca nunca nunca lo haré. Algo está sucediendo dentro de ese cuerpo que los arrebata tanto. Me encanta saber que nunca sabré lo que están sintiendo.

    He notado que mis amistades se excitan con mi presencia, que los anima a copular. Soy una suerte de hada erótica. Gozan viéndome reprimida. Saben lo lasciva que soy y que verlos follando me hace sufrir. Hacer esa maravilla delante de mí les divierte, les condimenta el placer.

    ¡Qué trivial y qué misterioso es el sexo para mí! Lo miro constantemente, conozco su mecánica pero al mismo tiempo me intriga qué es eso tan grande que sienten que los arrebata tanto. Ése es mi tesoro: no saber eso. De eso sólo conozco la angustia de no gozarlo. Por eso el sexo me fascina cada día más. Cómo lo admiro, cómo me embelesa ver a una pareja copulando. Aunque luego me dé rabia y me invada el rencor. Aunque termine desolada tirada en un rincón tiritando y lloriqueando de deseos.

    Me asombra la indiferencia de mis amistades ante mi total indigencia sexual. Me llaman tonta, histérica, amargada, loca, reprimida, absurda. Y tienen razón, soy todo eso. Y más.

    Me encanta espiarlos sin que sepan que los estoy mirando. Cada día estoy más cautivada con esta experiencia de la total ausencia de alivio sexual. Es maravilloso estar ansiosa todo el tiempo. No quiero estar saciada. Quiero permanecer ávida, sedienta, hambrienta. Y amargada.

    Quiero que este gesto de placer siga siendo sugestivo e incomprensible para mí. No quiero saber lo que esa chica está sintiendo, me basta con entender que es muy intenso. Quiero permanecer inocente.

    Odiosa

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    Veo parejitas de enamorados y me da rabia. Me he vuelto amargada, odiosa. Me dan envidia. Para no hablar de las parejas que follan en mi presencia. Entonces es peor porque me quedo excitada para nada. Frustrada, resentida, neurótica, rabiosa, irritable. Y lo peor es que me he vuelto tan necia y neurótica que me voy a los parques a espiar a los enamorados para que me dé más furia, mezclada con frustración sexual.

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    Por no poder gozar esa delicia nunca nunca nunca. Supongo que es una delicia porque me lo dicen, porque ni siquiera sé lo que se siente, supongo que es un placer muy intenso. No puedo suponer otra cosa. .

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    De ese deleite sólo conozco el rencor de no gozarlo jamás ni siquiera masturbándome.

    https://www.tumblr.com/video/masturbationvideos/108817775820/700/

    Reprimida… Así paso horas y días, con la misma mirada ansiosa, sabiendo que no voy a saciar mi lujuria nunca nunca nunca en toda mi vida. Porque mientras más ansiosa estoy más decidida estoy a no tener alivio sexual ni una vez solita, así me reviente de ganas, así me vuelva loca.

    Estoy cada vez más amargada y odiosa. Me he vuelto agresiva, provocadora, ofensiva, sobre todo con las chicas que tienen éxito con los varones, las más bonitas y atractivas. Las odio, las detesto, porque gozan lo que nunca gozaré en toda mi vida. Soy una neurótica porque esas chicas no tienen ninguna culpa de que yo sea una desquiciada que decidió no tener relaciones sexuales ni tocarse nunca nunca nunca. Pero esa arbitrariedad me gusta. Soy una morbosa incorregible…

    Envidiosa

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    Por igual me gusta y sufro ver estas cosas sabiendo que jamás jamás jamás las voy a gozar. Mis amistades se divierten haciéndolo delante de mí, a sabiendas de que no lo hago nunca.

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    Me quedo atormentada, agitada, enardecida… Con la dolorosa pero cada vez más pétrea convicción de que nunca nunca nunca voy a gozar esas delicias. Así quiero que sea, no deseo otra cosa que permanecer frustrada, amargada, resentida, envidiosa, rabiosa. Cada día me siento más amargada por eso, pero como buena neurótica quiero seguir reprimida para siempre siempre siempre, como una estúpida, como una necia, porque nada me impide entregarme a un tipo bien apetitoso, que conozco varios y sé que estarían encantados de follarme y desbordarme de ese placer misterioso que jamás conoceré de ser penetrada. Hay una frase que me estremece y me repito cuando estoy más histérica de deseos: «NUNCA SERÉ PENETRADA POR UN HOMBRE». Lo imprimí en una tienda y la empleada me miró extrañada. Le expliqué:

    —Tal cual, soy virgen y jamás dejaré que nadie me folle.

    —Pero ¿por qué?

    —No tengo la menor idea.

    Es una pancarta grande que colgué en mi habitación, como para no olvidarlo. Mandaré a imprimir otra: «JAMÁS SENTIRÉ UN ORGASMO». O «NO DEBO SENTIR ORGASMOS». Será divertido a pesar del dolor y el sufrimiento de la abstinencia absoluta y perpetua a que me condené no sé por qué. Pero mientras menos lo entiendo más redoblo mi decreto de permanecer intacta para siempre.

    Me he vuelto maniática, criticona, rencorosa. Me encanta verme rodeada de solteronas y de viudas sin hombre en el círculo de tejido y bordado, integrándome a sus conversaciones resentidas y envidiosas de las mujeres que sí gozan el sexo. Me sorprendo diciendo cosas:

    —Esa ramera sólo piensa en revolcarse con quien sea.

    O:

    —Cuando se ponen cachondas no pueden retenerse ni un minuto. ¡Son unas asquerosas!

    Comentarios desbordados de inquina e irritación que sorprenden incluso a las solteronas más agrias.

    Estas imágenes estallan en mis ojos y me revuelven toda entera. Lo peor es que aumentan mi envidia y mi cólera.

    virgenmorbosa
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    Nunca me masturbé plenamente, como las demás chicas, que quedan relajadas, saciadas, satisfechas. En cambio yo me llegué a masturbar sólo como último recurso, para drenar tensión y no poco de rabia de sentirme tan tensa y agresiva. Nunca quedé contenta con el resultado. No me lo explicaba. ¿Por qué no puedo quedar sosegada como las demás? Casi siempre me quedaba a medio camino, con rabia, sintiéndome estúpida. Y no por falta de ganas, porque siempre estaba muy excitada. Pero prefería quedarme ansiosa. Apenas tres veces alcancé el orgasmo, pero era un orgasmo breve, seco, lleno de furia, un placer requemado, marchito que me dejaba más ansiosa aún, revolcándome en la cama llorando de veneno, insatisfecha.

    Era el germen de la castidad que acechaba dentro de mí. Fue en uno de esos intentos que decidí renunciar a gozar del sexo sino más bien sufrirlo. Es absurdo, pero tocarme nunca me dejó complacida, más bien lo sentí como una estupidez. Sólo la castidad de hace sentir victoriosa porque sé que soy fuerte para vencer mis deseos y permanecer inmune al alivio fácil de las relaciones sexuales o de la masturbación. El sufrimiento intenso de la frustración sexual me infunde una sensación de superioridad sobre las amigas mías que gozan eso delante de mí. Siento que no soy como ellas, que puedo resistirme y aguantar lo que ellas no pueden aguantar. No me dejo llevar por el arrebato de ser penetrada y usada, dejándome complacer por un órgano endurecido, que obviamente me estremecería con un placer musculoso y descomunal.

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    Pero no quiero eso. Del sexo sólo quiero la ansiedad, las noches en vela llorando de rabia, de envidia, de rencor luego de saturar mis ojos viendo parejas revolcándose rico mientras yo permanezco apartada y ansiosa.

    Soy una necia

    Una necia, una neurótica… ¿Cómo puedo odiar a mis amigas que follan por algo que no me han hecho sino que me he infligido yo misma: la frustración sexual? Si soy una mujer sexualmente reprimida es por una decisión íntima y personal que nadie me ha impuesto. Yo sola tomé esta decisión y yo sola la sostengo.

    Si eso me produce amargura, bueno, era como lógico. La abstinencia permanente puede producir desórdenes. Unos previsibles, otros no. Por ahora me tiene amargada, resentida, rencorosa. También ando insomne, rabiosa, con arranques de llanto, migrañas, nerviosismo.

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    Me da rabia ver parejas felices, por ejemplo. Soy una solterona prematura. Pero no soy pudibunda, gozo mucho viendo parejas follando delante de mí.

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    Pero al mismo tiempo aguantando la locura de deseos que me entra, como una estúpida, porque nada me cuesta participar activamente y dejar que alguno de los chicos me folle bien rico. Pero no, jamás considero esa posibilidad. Quiero mantenerme reprimida como estoy.

    ¿Por qué me niego esas delicias? Yo misma no lo sé, no lo entiendo. Paradójicamente no entiendo algo de lo que estoy marmóreamente convencida: no tener alivio sexual nunca en toda mi vida. Es una aventura trepidante, fascinante, asombrosa, que me tiene seducida y atrapada. Es así como quiero vivir el sexo, desde fuera, mirando nomás, no sintiendo sino la ansiedad de no gozarlo nunca ni jamás, como una necia, como una morbosa. Y sufrir ataques de rabia.

    A veces dejo que un chico me besuquee y manosee, pero sólo para aumentar mi ansiedad. Me encanta estar ansiosa, mientras más ansiosa mejor porque me causa más sufrimiento. Y me gusta sufrir mirando a una o más parejas copulando mientras me mantengo excluida, ignorada, arrinconada sólo mirando lo que nunca he hecho y jamás haré. ¡Me encanta sentirme apartada mientras otros hacen esa maravilla!

    ¡Me fascina el sexo! No es por inapetente o por disgusto que me mantengo virgen e insatisfecha. Es curiosidad de ver qué resultado tiene no follar ni masturbarme a pesar de desearlo con tanta vehemencia. Me encanta pasar horas y horas, noches enteras, llorando deseosa, enardecida de ganas de hombre, negándome incluso el placer solitario.

    Semana Santa

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    Decidí pasar esta Semana Santa encerrada y aburrida como una solterona. Alquilé una cabaña y me encerraré a tejer y a bordar, aburrida y amargada.

    No saldré ni una vez. Arreglé para que me dejen la comida en la puerta. Leeré un poco, lloraré, dormiré mal, atormentada por los deseos, me sentiré sola de toda soledad, abandonada, ignorada, oprimida por mi cinturón de castidad.

    Si al menos pudiera masturbarme pero es que ni eso debo hacer. Mi sujeción sexual debe ser completa, total. Sería estúpido decidir no tener relaciones sexuales y aliviarme tocándome. Para eso tengo relaciones sexuales más bien. Mi privación tiene que ser total, maciza, sin resquicios ni espitas. Una mortificación total.

    Cada día estoy más decidida a permanecer célibe, casta, pura. Y cada día estoy más amargada y agria, hosca, de mal humor, resentida, envidiosa.

    Ser una solterona ya dejó de ser un proyecto, porque ya soy una solterona. No soy otra cosa. ¿Que soy joven? ¿Qué importa? Cumplo con los requisitos para ser una quedada, sólo me falta ser vieja: no estoy casada, no tengo amantes, jamás tengo relaciones sexuales ni me masturbo, vivo amargada por la falta de satisfacción sexual, ningún hombre me mira debido a mi conducta aburrida y hosca, aparte de mi atuendo pasado de moda y ajado, gris, sin adornos.

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    No me maquillo, no uso joyas, no voy a fiestas, no salgo, apenas voy a una biblioteca a buscar libros, no voy al cine, no veo televisión, no oigo radio. Sólo veo vídeos porno… Trabajo de sirvienta en casas de mis amistades y de mi familia. Hago cursos de labores domésticas. Bordo, tejo, coso. No tengo diversiones. No juego ni solitario. Mi vida es sólo trabajar de sirvienta y practicar una abstinencia férrea y estricta.

    Eso haré en Semana Santa. Mi plan es aburrirme, sentirme sola y amargarme, aburrida como una tonta.

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    virgenmorbosa

    A veces me entra curiosidad de lo que sentiría si me masturbara. No puedo decir que la idea no me tienta, ¡me tienta mucho! ¡Eso tiene que ser delicioso! Me lo dicen las amigas que lo hacen. No puede ser de otra manera y sé que aliviaría totalmente la tensión sexual que me atormenta todo el tiempo y me relajaría, no tendría migrañas, ni insomnio, ni crisis de llanto, ni pasaría noches enteras en vela llorando de ganas, ni padecería el pésimo humor en que ando últimamente casi todo el tiempo, que me entran unas rabietas de mil demonios por negarme tercamente a aliviar mi ansiedad. Sé que lo gozaría mucho tocándome, como también gozaría mucho teniendo relaciones sexuales. Soy muy lasciva y sé que lo disfrutaría muchísimo. Pero soy seria con mi compromiso conmigo misma de castidad absoluta y perpetua. No es no y punto. Me condené a jamás tener satisfacción sexual en toda mi vida. Me aguanto lo que sea, no quiero perderme qué me dará esta loca aventura de vivir sin relaciones sexuales ni tocarme jamás jamás jamás. Sufro mucho, pero no me importa porque vivo fascinada con los resultados.

    ¡Cómo me gusta el sexo!

    Mientras más miro a mis amigos follando y mientras más me desespero reprimida, más me gusta el sexo, me fascina, me embelesa. Y más me intriga lo que yo sentiría penetrada por un hombre. Apeas he gozado la masturbación y casi que ni eso porque nunca lo hice a mis anchas, sino apuradita y con rabia por la ansiedad.

    Y mientras más me desesperan las ganas más firme me pongo en negarme esa delicia que tanto admiro y venero, como una devota, de rodillas ante las parejas que follan delante de mí, llorando arrobada de reverencia ante tanta hermosura.

    Me gusta todo, desde los primeros escarceos de seducción hasta la consumación del acto sexual. He sido cortejada, he sido magreada, así que sé lo que es eso. Sólo me falta ser penetrada por un hombre. Me fascina la idea, pero más me fascina la idea de que eso no ocurra nunca.

    Me pone loquita quedarme tiritando de deseos, llorando apartada, desdeñada, ignorada, amargada, resentida, con el rencor de saber que jamás jamás jamás voy a saciar mis apetitos.

    Soy joven, pero ya me siento una solterona ansiosa, envidiosa y odiosa. Mientras más pasan los días sin alivio más antipática me vuelvo, neurótica, áspera, chocante, sobre todo con las jovencitas saciadas. Cada día las odio más. Y más quiero vivir reprimida. Mientras más me gusta y me excita el sexo más reprimida quiero vivir mi vida entera.

    Indiferencia

    Mis amigos no han parado de follar desde el viernes. Hoy es lunes de carnaval y no paran.

    Ya les importa un comino verme llorar reprimida y atormentada. Sólo les interesa pedirme una cerveza, que les cocine y sirva la comida, que recoja la reguera que dejan. Soy la sirvienta. Ando entre ellos uniformada y descalza… Y ardiendo mojada hasta las rodillas.

    A veces alguno o alguna me abraza para tratar de confortarme. Pero no paran de follar delante de mí sin importarles lo que me hagan sufrir.

    A veces me voy a la calle a llorar desesperada. O me doy una larga ducha fría. O salgo a caminar tratando de despejarme. O me encierro a llorar en mi habitación. Nada de eso me calma completamente pero me ayuda a sobrellevar esta abstinencia loca en que me metí por desquiciada.

    Yo sabía que este carnaval iba a ser un tormento. He tenido migrañas agotadoras, rabietas, insomnios, de todo. Pero sobre todo llanto.

    He estado a punto de huir a casa de mis padres, pero no. Debo ser valiente y asumir mi virginidad y mi castidad con coraje.

    A veces me pongo furiosa de verdad.

    Pero es mi vida. No tengo ni quiero otra.

    virgenmorbosa

    Hay parejas que miro follar con quienes me identifico más que con otras. Las que follan como ésta me encantan y, por supuesto, me excitan muchísimo. Eso me hace sufrir horrores porque no puedo gozar como ellos y por tanto me es imposible aliviar mi lujuria, pero me contentan porque me simpatizan, me hacen llorar de furor sexual, pero me caen retebién y eso me consuela.

    Entonces me desahogo deslomándome para servirles, cocinarles, lavar sus platos, fregar sus pisos. Eso no me alivia la tensión sexual, pero me ayuda a aguantar la locura de deseos que me provocan.

    Saturación

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    Tanto y tanto mirar, mirar y sólo mirar estas cosas, sin gozarlas jamás, me satura de sexo, de deseos, de locura. No sentir placer sexual jamás pero desearlo intensamente me produce un estado de delirio perpetuo. A veces no puedo sino pensar ideas sexuales sin poderme concentrar en nada más. Las crisis de rabia y llanto se me hacen cada vez más frecuentes, el mal humor, la amargura, el rencor, la envidia, el odio hacia las que gozan esa maravilla que tanto y tanto admiro. Es la actividad humana que más celebro, no hay otra mejor ni más bella.

    Envidia

    Una de mis amigas se toca mirándome así, para provocarme ¡y me hace sentir tan tonta! Porque eso soy, una tonta que ni siquiera se masturba.

    Viernes, hoy comienza la locura entre mis amistades, desde esta noche entran en celo y no paran de follar hasta el domingo en la noche, delante de mí. Es inevitable: voy a saturarme los ojos de sexo durante todo el fin de semana. Es decir, voy a sufrir, voy a llorar humillada por no gozar lo mismo que ellos. Me encanta llorar de deseos.

    Yo andaré vestida así. Pero es mi extraña delicia no poder hacer nada de eso. Ni tocarme siquiera. Soy una loca de negarme todo eso, definitivamente. Sólo mirando, imaginando, sufriendo humillada, apartada, relegada, ignorada, afanándome en mis oficios de sirvienta para ellos, limpiando, ordenando, cocinando, con mi uniforme de doméstica, atormentada de deseos, marginada, puesta de lado, sin poder meterme con ellos en una de las camas. Sólo espero neurotizarme bastante, amargarme, llenarme de rencor y de rabia.

    dominacionmachista

    ¿Es justo castigar a mi mujer por votar a un partido contrario al mio?

    Casualmente hace poco charlaba con las mujeres que forman parte de un exclusivo grupo de colaboradoras de Dominación Machista acerca de la conveniencia de eliminar el derecho del voto para la mujer, así que en lugar de responder directamente si es correcto castigarla o no por votar en contra de tu partido prefiero que leas opiniones de mujeres con respecto al voto como derecho de la mujer.

    Pamela: yo creo que si, sino lo hiciera seria complicado, ya que creo que una mujer sola si necesitaría de ese derecho para ver por el bien de ella y su familia (madre, hermanas, hijos según sea el caso), pero estando con un hombre, el seguro sabría que es lo mejor para ambos, y la decision obviamente dependería de él y el tener mas votos a favor de lo que necesitan o lo que les agrada mas, seria mas conveniente.

    @xconcordiax De acuerdo con Pamela.La participación política debe ser opcional. En México existe algo llamado “cuotas de género”… Es decir, las instituciones deben contar con X cantidad de mujeres activas… Y me parece una tontería, porque honestamente… No cualquier mujer tiene lo necesario para participar de estas actividades, a consecuencia muchas de las ocupantes de aquellos puestos son tremendamente incompetentes pues acaban ocupando puestos ganados por favores íntimos a los hombres de la institución. Cada mujer que rellena un lugar porque necesitan cumplir cuotas de género y realmente no es capaz o no está preparada es un despilfarro de impuestos (pagados por personas que si trabajan de verdad, y seguramente gran parte de ellos son hombres con responsabilidades reales). Y estos sujetos que malgastan presupuesto gubernamental dando vacantes a mujeres incompetentes deberían mejor ser realmente responsables y si quieren mujeres, ganarlas y costearlo con su sueldo, no con recursos públicos.

    Un conocido socialista argumenta que las cuotas de género sirven para obligar a las mujeres a participar de decisiones importantes… Mi pregunta es, ¿quién les dijo que quiero participar? La mujer que quiera, que lo haga, pero las que preferimos atender otros asuntos, que no nos molesten.

    Si dejaran a las mujeres competir equitativamente, habría algunas mujeres capaces haciendo un buen papel, no que ahora tenemos muchas mujeres poco capaces ocupando puestos que podrían ser mejor aprovechados.

    Personalmente, yo no voto, lo hice una o dos veces. Incluso estudié Ciencia Política, pero eso no es para mi, es un paquetón de estrés y complicaciones que no considero que me enriquezcan. Prefiero no quebrarme la cabeza, y mejor ocuparme de apoyar a mi novio y (en su momento) atender el hogar y los niños.

    Lamento haber escrito tanto, es solo que me molesta mucho que los movimientos “pro igualdad” acaben estropeando el orden natural de las cosas.

    “Dulce Ch: Creo q debe votar con el permiso y sobre todo la guía y el consejo de su marido habemos muchas mujeres q poco sabemos de política como en mi caso mi ultimo voto le pedí a mi tío q m aconsejara el sabe mucho .esa es mi opinión

    Dulce Sol: Debe votar para apoyar la decisión de su marido, ya que las cuestiones políticas corresponden a la idea de familia y sociedad q el promueve… por lo general, las parejas votan en acuerdo.

    @liviaacela82 que la mujer no deberia de votar, aqui en mexico esta ultima eleccion yo no vote y gano el peor de los candidatos en gran parte creo que fue porque muchas mujeres botaron por el y fue mas porque su esposa es una actriz de novelas y porque esta guapo, pero resulto ser el peor de los presidentes que hemos tenido por eso creo que esas decisiones de politica deben de ser tomadas solo por los Hombres y nosotras no meternos en esas cosas.

    Mariel de @esposa-domesticada Por supuesto, creo que este asunto depende de cada realidad. Desde la posición que adopta cada persona en su vida de relación (Hombre-mujer o mujer-Hombre) hasta el sistema legal de cada país. 

    Por ejemplo, en Argentina el voto es obligatorio, por lo tanto las mujeres también debemos concurrir a votar. En nuestro caso dependerá entonces de lo que se viva en cada hogar, en cada matrimonio o pareja (uso "pareja” refiriéndome al noviazgo o convivencia entre Hombre y mujer, como se usa convencionalmente.. y no porque crea que la relación es precisamente pareja desde el momento en que acepto y promuevo la superioridad masculina) En lo personal, mi deseo es poder votar a conciencia y afortunadamente mi esposo me lo permite. Por supuesto que hablamos del tema previamente y al menos hasta ahora siempre hemos coincidido. Tal vez algún día no sea así, pero aún en ese caso y sólo en este aspecto, mi marido me ha dicho que respetará lo que yo decida. La política para él es algo muy importante y promueve que todas las personas tomemos una posición, sea la que sea… Pero a pesar de esta gran libertad que él me da, no me opondría en lo absoluto (aún resignando mis ideas al respecto) si él me ordenase votar por uno u otro candidato. O llegado el caso, para votar en blanco. Me dolería, pero lo obedecería sin discusión y por supuesto, sin traicionar su autoridad satisfaciendo mis deseos en el “cuarto oscuro” donde él no puede controlarme. Sé cuales son mis obligaciones para con él y no me atrevería a contradecirlo aún cuando él no puede ejercer su control sobre mí. 

    En fin, por eso digo que depende de cada “pareja” y de las formas de organización de cada país, aunque en última instancia queda dependiendo de los valores en los que cada cual cree y defiende. 

    Si el hombre decide que su mujer no vote, no votará (o en el caso como aquí en que el voto es obligatorio, la mujer votará en blanco o votará por quien le indique su esposo)

    Si es como en mi caso, lo saludable es tener conversaciones previas para que nuestro hombre sepa hacia dónde orientamos nuestras preferencias. Puede ocurrir que si no le agradan nos censure la posibilidad de votar o nos diga por quién hacerlo. O como el caso de mi esposo que en este sentido me da (hasta el momento al menos) la libertad para elegir mi opción (incluso me da la oportunidad de resignar voluntariamente a hacerlo o a elegir y hacerlo por quien él me indique).

    Laura: La mujer puede tener derecho a votar pero para poder hacerlo debe obtener el permiso del hombre y es el quien debe decir como y por quien. la mujeres no nos mandamos solas.“

    Creado el 26/01/2016

    virgenmorbosa
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    Esto último me impresionó: «Las mujeres no nos mandamos solas». En mi caso es certísimo, aunque no tengo marido ni lo tendré. Soy célibe, decidí vivir sin pareja y sin relaciones sexuales, así que el problema de obedecer o no a un hombre no se me plantea.

    Pero sí el problema de votar o no. La falta de alivio sexual me produce muchos e intensos trastornos emocionales y obviamente no tengo el raciocinio para votar por esta opción o aquélla. Yo también votaría por un candidato sólo porque es guapo, llevada sólo por mi lujuria, porque ser una reprimida no ha hecho sino intensificar mi lujuria. Por eso he decidido que debo abstenerme de votar y no sólo del sexo.

    Y abstenerme de varias cosas más. Tengo fortuna suficiente para no tener que ganarme la vida, de modo que puedo abstenerme también de hacer labores que impliquen tomar decisiones que mi perturbación emocional pueda distorsionar. Suficiente problema tengo ya en mis relaciones sociales cuando la envidia me lleva a detestar a una chica que disfruta su sexualidad, por ejemplo. Sólo verla me causa rabia porque sé que está saciada sexualmente. O que una rabieta pueda llevarme a resolver algo que perjudique a alguien. Puedo eventualmente actuar contra una persona, perjudicarla, calumniarla, no sé por dónde me inclinará mi neurosis.

    Porque me he vuelto neurótica, tengo arrebatos, rabietas, accesos de llanto, insomnios, migrañas, no logro concentrarme sino en tareas sencillas de mucama, que es el único oficio que estoy desempeñando, para ser útil en algo a mis semejantes. Trabajo de doméstica en casa de amigos, de mi familia y he tenido trabajos temporales como camarera y cocinera en un restaurante. Me siento a gusto en labores de criada y mientras me limite a ellas no puedo causar daño por mis trastornos temperamentales. En este oficio mis sufrimientos no afectan a nadie más que a mí misma. Y además disfruto mucho el trabajo de doncella, tanto como gozo mi virginidad.

    Es el acomodo que he hallado para que mi represión sexual no cause problemas más que los trastornos que me ocasiona a mí sola, sin fastidiar a nadie más que a mí. Si paso una noche sin dormir, llorando porque vi a mis amigos follando y ni siquiera me masturbo, bueno, es asunto mío. Si un día no puedo trabajar porque una migraña devastadora, causada por mi abstinencia, me abate, no perjudico a nadie. Asunto de la virgen loquita.

    Mis amigos son indulgentes con mis faltas, con mis perturbaciones laborales, si se me quema la comida, si no limpio bien, si me pongo contestona. Me tienen paciencia, saben que la abstinencia total y perpetua me produce angustias que a su vez no me permiten ser la doméstica ideal. De todos modos les salgo gratis y si me porto mal me aman y me consienten porque saben a qué se deben mis fallas. Han aprendido a convivir y tolerar a una mujer reprimida. De todos modos mis neurosis no les hacen daño. Cuando tienen algo que reclamarme lo hacen con respeto y gentileza. No me exigen más de lo que puedo dar.

    Así que ya no votaré más ni participaré en decisiones que puedan afectar a nadie.

    Voy aprendiendo a vivir con mi abstinencia y los desajustes que produce en mi carácter.

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    Masturbarme

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    No puedo decir que sé lo que es masturbarme. Las únicas tres veces que lo hice fue a la desesperada, apurada, casi con rabia, sin disfrutar verdaderamente, sólo para aliviar mi ansiedad. Lo hice de urgencia, sin placer. Me quitaba la agitación, pero nada más. No me gustó para nada.

    Fueron sólo tres veces y nada más para calmar mi urgencia, como quien se toma un sedante. Como no me gustaba el efecto, como no lo gozaba, prefería aguantar el chaparrón de los deseos sin alivio. Fue así como llegué a la determinación definitiva de no sentir orgasmos más nunca, ni follando ni masturbándome. Nada. Prefiero el sufrimiento.

    No dudo que para las demás mujeres sea un placer. Tengo una amiga que se masturba mucho. Me invita a su casa para verla en eso y en verdad da la impresión de que lo disfruta. A veces me pide que la busque en mi coche para «dar una vuelta». Y sé que es para tocarse mientras manejo. Y so gozo es contagioso porque termino sintiendo ganas de hacer lo mismo. Pero no, soy seria en mi decisión y sé que nunca haré eso. Ni tampoco follaré. Prefiero ser una tonta reprimida.

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    ¡Me encanta estar reprimida! Es mi estado natural, donde siento que soy yo, donde nada me afecta, mi fortaleza, mi Bunker, donde está lo que quiero ser, una mujer independiente y emancipada de engañifas y extorsiones emocionales sólo para conseguir un espasmo consolador de vez en cuando. Es orgullo, soberbia y arrogancia, estoy consciente de ello. Quiero valerme por mí misma..Por eso amo vivir reprimida.

    Mi madre

    fSigo acudiendo de tanto en tanto a casa de mi madre un poco para desintoxicarme de tanta saturación erótica. A veces siento que ya no puedo contemplar un minuto más una escena de sexo y me refugio en casa de mi familia.

    Allí me pone a trabajar de chacha en casa y me encierra en mi habitación a bordar. Me hacen bien esos retiros, me compongo, me sereno, me renuevo para seguir mi batalla contra mi sexualidad.

    Porque esto de no follar ni tocarme nunca es un ensañamiento conmigo misma.

    Afortunadamente mi madre me apoya mucho con mi castidad. Es severa y dura conmigo a ese respecto. Siempre está verificando que mi cinturón de castidad esté bien seguro para que no pueda aliviarme a solas. Me abraza y acaricia para consolarme cuando lloro entre sus brazos por no poder follar ni masturbarme.

    —¡Necesito un orgasmo, mamá! Aunque sea uno solito —le digo llorando.

    —No puedes, hijita —me dice—. Lo tienes prohibido. ¿O quieres romper tu castidad?

    —¡No, por supuesto que no!

    —Pues entonces resígnate, no vas a tener ni un solo orgasmo. Sé que sufres mucho por eso, pero sácate de la cabeza la idea de un clímax. Esa delicia no es para ti. Te metiste en esta locura y si quieres que te apoye tienes que aguantar, por más ganas que tengas de que te follen, loquita mía querida. ¡Te amo y te admiro!

    —Sabes que estoy decidida, mamá.

    —Bueno, entonces ¿a qué vienen esas lágrimas?

    —¡Es que no es nada fácil!

    —Lo imagino. Debes estar sufriendo mucho.

    —Sí, mucho. Pero gracias por apoyarme. No imaginas cómo te lo agradezco. Sígueme ayudando, te lo suplico, lo necesito mucho. Mantenme bien reprimida.

    —¡Por supuesto que te mantendré bien reprimida, hijita! Lo necesitas y lo mereces por tu bravura con esto.

    —¡Sí, por favor!

    —Me tienes fascinada por tu perseverancia, por tu valentía, hija. No son muchas las chicas capaces de mantenerse puras como te has mantenido tú.

    —Cuídame, te lo suplico. No me dejes caer. Me da miedo flaquear. Mantenme bien sometida por un buen tiempo. Lo necesito mucho.

    —Sé que lo necesitas… Por eso te reviso el cinturón, para que no puedas tocarte.

    —No lo necesito. Sé que podría aguantarme las ganas de tocarme sin él. Lo llevo por ti, para probarte que no me toco nunca.

    —Mi muñequita linda… Brava, valiente, indomable… Llora, hijita, llora, eso te confortará.

    —Lo único que me confortaría sería que un hombre me follara…

    —Pero es no puede ser, hija. ¿O sí puede ser?

    —¡Por supuesto que no puede ser! Ningún hombre me va a follar jamás.

    —¡Mi loquita querida! ¡Qué resuelta eres! No puedo creer que de verdad quieres pasarte la vida sin hombre.

    —Nunca, nunca, nunca, mami. Te lo juro. Ni una sola vez en toda mi vida.

    —Eres asombrosa, niña. Si fueras inapetente lo entendería, pero siendo tan erótica y apasionada es un misterio que quieras negarte ese respiro tan necesario para toda mujer.

    —Sí, soy muy erótica y muy apasionada. Me hace una falta horrible que un hombre me folle rico… Pero eso no va a pasar nunca, ya estoy plenamente segura de eso.

    —Y mirando a otros follar, no sé cómo aguantas tanto.

    —Yo tampoco sé de dónde saco tanta voluntad para mantenerme intacta. Pero estoy decidida a que sea para siempre, siempre, siempre. Por eso te pido tu auxilio. Enciérrame por un tiempo. Ya te diré cuándo estaré lista para salir a enfrentar el mundo. Seguiré de chacha aquí en la casa, bordando, tejiendo, esas cosas de solterona. Quiero ser una solterona. Así me vuelva una solterona envidiosa y amargada. Ya lo soy, me dan rabia las amigas que follan. Pero si ésa es la consecuencia de no tener relaciones sexuales, sea. Estoy dispuesta a lo que sea. A volverme loca incluso. Mantenme encerrada…

    —Serás mi prisionera.

    —Eso, tu prisionera. Enciérrame bajo llave en mi habitación. Quiero sentir el ruidito de la llave cuando me dejes enjaulada en mi propia habitación. Ese ruidito me da aliento para seguir con esto. Me hace sentir bien reprimida, como quiero y necesito estar para siempre, siempre, siempre.

    —Te veo y te oigo y me hace sentir segura de que así será.

    —Nunca, nunca, nunca… Me da escalofrío constatar que es verdad que nunca nunca, nunca… Sobre todo con estas ganas histéricas que tengo de follar ahora mismo, ya, ya, ya…

    —Bueno, te pongo el cinturón y te acuestas a dormir.

    —No podré dormir con estas ganas…

    —¿Quieres que me quede contigo?

    —No, no, déjame sola con mi ardor sexual, quiero enfrentarlo solita. Quiero enfrentarlo sola. Basta con que me dejes aquí bajo llave. Antes de ponerme el cinturón déjame besarlo…

    —Loquita…

    —Sí, soy una loquita. Qué risa. Me siento ridícula con esto. Soy una ridícula, no sólo soy virgen y casta sino que doy risa. Yo misma me doy risa.

    —Y siendo bonita…

    —Sí, sé que soy linda, pero no me importa, estoy resuelta a seguir adelante con mi pureza para toda la vida.

    —No te faltarían amantes.

    —¡Claro que me faltan! No tengo ninguno, qué risa. Bueno, déjame solita para afrontar mi lujuria.

    Quien nos oye pensaría que la idea de quedarme virgen y casta es de ella y no mía.

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    Dormir con ganas de follar y sin poder follar ni tocarse es una dura prueba.