@virgenmorbosa
Virgen y morbosa
Posts
204
Last update
2016-06-01 07:21:41

    Neurótica

    Una amiga me dice que soy una neurótica. Tiene razón. Si lo que hago se llama neurosis pues qué bueno que tiene nombre. Pero si su idea es disuadirme de seguir viviendo así, se equivoca porque no hay nada que me haga entregarme a nadie. Pero nada. Cada día mi decisión es más firme y categórica de permanecer reprimida.

    Y tiene razón porque soy bien neurótica, me da rabia no tener relaciones sexuales ni masturbarme. A veces veo rojo de la ira que me da. Odio a las chicas que gozan libremente su sexualidad. A veces, en las raras ocasiones en que no ando excitada, pongo vídeos que me enardecen y me hacen rabiar de deseos reprimidos. Eso es ser una neurótica. Ya comencé a ser una solterona prematura, amargada y rencorosa. Y quiero amargarme más y más por no poder aliviar mis ardores.

    Esa misma chica que me califica de neurótica me llama:

    —Rosalba, ven para que nos veas follar rico…

    Voy y cuando ya están copulando le dice a su amante:

    —Cógeme bien cogida, mi macho rico, dame bien duro, que la boba esa llore de envidia.

    Y lloro de envidia y de rabia. Son sádicos y oírme llorar los excita más…

    image

    Otros me ordenan:

    —Ponnos un vídeo porno bien rico. Como buena reprimida has desarrollado un excelente gusto para eso.

    Enseguida la enorme pantalla se nutre de imágenes enloquecedoras, mis favoritos, los que me ponen loca. Entonces mis ojos se saturan de sexo, en la pantalla y en la vida real…

    Bueno, pero eso es exactamente lo que hago. Vivo con una pareja de amigos y les trabajo como sirvienta. No me ocultan sus relaciones sexuales e invitan a amigos para organizar orgías, en las que participo sólo mirando.

    Hola, non riesco a smettere di leggere i tuoi post. Sono tre volte che li leggo. Sono molto eccitanti.

    Io spero che l'evoluzione futura possa essere di far fare un passo definitivo e cioè che non sarà più Rosalia a decidere resistendo alle tentazioni, a lottare per mantenersi vergine, ma dovranno essere altri che lo faranno a posto suo. Io credo cioè che ora lei dovrà fare la scelta ultima quella di scegliersi una padrona o un padrone oppure una coppia. Una buona idea potrebbe essere quella di ritrovare il suo ultimo “fidanzato” e scoprire che nel frattempo si è sposato e essere presa nella loro casa per servirli come una vera e propria schiava domestica. Occuparsi soltanto della loro felicità e del loro conforto. Chiedere il permesso alla padrona per mangiare dormire o andare al bagno. vestire vecchi, logori e umilianti abiti da domestica che nascondano bene la inseparabile cintura di castità.

    Questa è soltanto una mia fantasia. Spero di leggere ancora le avventure che tu scrivi così bene.

    Grazie

    clearlysoeagle

    See more about me right here and don’t forget to follow

    virgenmorbosa

    ¡Qué bueno es no hacer esto nunca ni tener jamás un solo orgasmo! Me da libertad, independencia, autonomía. Saber que me valgo por mí misma, Que no dependo de nadie para ninguna de mis necesidades, incluyendo las sexuales. Quiero ser soberana, autárquica y tener que follar para calmarme me restaría mando sobre mí misma. Tendría que negociar una relación emocional con alguien, que me impondría sus idiosincrasias. Sola me basto y me sobro para ser como quiero ser, sin condicionamientos.

    Me embelesa ver a la gente follando, sea en vídeos o en persona. Me parece hermoso, atractivo. Caigo en un aturdimiento bastante parecido a lo que los místicos describen como éxtasis. Es una droga que me transporta y embriaga. Me causa trastornos quedarme sin alivio, pero prefiero eso a tener que depender de un hombre o una mujer para saciar la urgencia sexual que me entra.

    ¿Por qué no me masturbo? No sé, una amiga me lo preguntó el otro día y no supe bien qué responderle. Apenas atiné a decirle:

    —Sería demasiado fácil.

    No entendió. Yo tampoco. Pero aunque no entiendo bien mi respuesta me parece que tiene sentido. No me gustan las cosas fáciles, soy mujer de desafíos, de luchas y no tener orgasmos se me ha vuelto uno de esos retos que me provocan, me estimulan a luchar. Aliviarme tocándome me debilitaría, haría mi reto de castidad mediocre, gris, anodino, trivial, estúpido incluso porque en todo caso sería preferible follar, no remedar el coito con un orgasmo ficticio. Me excito, me toco y ya. Qué tontería. Sería tan insulso, incluso tan insípido, lo que es una paradoja precisamente porque mi abstinencia implica ausencia de salero…

    No, quiero que mi castidad sea una batalla, una aventura, un riesgo, algo serio, impredecible, que no sé a dónde me va a llevar.

    Por ahora me ha investido de aplomo, de coraje, de disciplina, de rigor. De objetivos, no hago nada por hacerlo sino por una razón. La abstinencia me ha vuelto racional, lógica, sensata.

    Como no tengo relaciones sexuales me enfoco en mí misma, en mi mundo interior, en el estudio de mí misma. Obtener orgasmos tocándome aflojaría mis resortes interiores, me volvería una mujer ordinaria que no se atreve a afrontar dificultades y compromisos, que busca siempre el camino fácil e inofensivo.

    En este momento mi reto es volverme una solterona amargada. Me parece interesante como experimento. Como la falta total y permanente de placer sexual ha comenzado amargarme y a ponerme de mal humor, irritable, irascible, pues me he dejado llevar por todo eso para confeccionarme un mal carácter de mujer frustrada y odiosa, chismosa, intrigante, insidiosa, biliosa. Me dan envidia y rabia las chicas que tienen éxito con los hombres. Entonces me dedico a calumniarlas, a urdir maquinaciones malévolas, que no llegan lejos, simplemente sirven para cultivar mi encono.

    Me reúno con un club de bordado y tejido integrado por viudas y solteronas, que son ya como yo quiero ser. Las imito, las emulo, las estudio para ser como ellas. Mientras más amargas mejor. Hablan de sexo obsesivamente pero con rencor, como si follar fuese una enfermedad, un trastorno, una anormalidad. Les ofende que alguien folle. Las anormales somos nosotras, por supuesto. Pero me fascina ese mundo de resentimiento y acritud. Si me masturbara no podría alimentar esa actitud antipática. Ni tendría los insomnios ni las migrañas que enfurecen.

    No sé si en definitiva seré una solterona amargada. Tal vez deje ese proyecto por el camino buscando algún otro a donde me lleve esta contrariedad de no saciar nunca mis necesidades sexuales.

    Estoy haciendo deporte porque la energía sexual represada me da más ímpetu y la rabia me da acicate para competir.

    Estoy estudiando cosas difíciles, matemáticas, lingüística, lógica.

    Aparte de los amigos que follan para mí, soy muy solitaria. Es mejor así, porque con el mal carácter que he desarrollado termino agrediendo a la gente. Además, así puedo asumir mis súbitos ataques de llanto o de rabia sin que me resulte embarazoso. No tengo que dar explicaciones de mis lágrimas ni mis rabietas. A mis amistades que follan para mí no tengo que explicarles nada porque conocen la razón de esos arrebatos. Saben por qué paso un día entero llorando con una migraña. O llorando simplemente. O por qué me voy a caminar bajo la lluvia. O subo y bajo escaleras obsesivamente.

    Meditación

    image

    Pasé tres días en casa de mis padres, de sirvienta uniformada y descalza. Desesperada de ganas de masturbarme como esta chica. Me refugié en casa de mis padres cuando me sentí atiborrada de ver a tantas parejas follando. Quise tomarme una tregua, un reposo. Mi madre me puso a sudar como empleada doméstica y me encerraba bajo llave en mi habitación, donde pasé horas de tormento sexual, retorciéndome de deseos urgentes, con dolores de cabeza, llanto continuo. En fin, mi rutina de mujercita reprimida.

    Pero pronto me fui de casa a asumir mi desafío de hembra radical y definitivamente impedida de gozar del sexo. Me quise ir porque me di cuenta de que estaba huyendo de mi desafío de virgen casta pero atrevida, no la cobarde que se encierra en su recámara a llorar porque tiene miedo de sufrir ante una pareja copulando. ¿Soy virgen y casta para vivir escondida de mi propia sexualidad?

    No, por supuesto que no. Me fui a casa de mis amigos, así vestida de sirvienta como andaba. Como siempre andaban desnudos, me ordenaron servirles el desayuno y mientras lo cocinaba se entregaron a gozar ahí mismo en el recibo, despreocupados de mi presencia, como siempre.

    image

    Ni me miraron ni me hablaron siquiera. Finalmente les serví y me senté con ellos.

    —Tienes los ojos rojos de haber llorado —me dijo ella.

    —¿Qué más me queda? —respondí.

    Les expliqué mi decisión de salir de casa de mis padres a afrontar mi desafío sexual.

    —No quiero ser una virgen recluida. Quiero ser como siempre he sido, retadora. ¿Acaso por esconderme soy más casta? Gracias por mostrarme su placer. Estuvieron magníficos, como siempre. ¡Me dejaron excitadísima! Me encana como ustedes lo hacen, sin incomodarse por mi presencia.

    —Bueno, es que es natural que estés ahí mirando y llorando —dijo él.

    —Sí, claro —respondi.

    —¿Por qué tienes que ser tan loca? —dijo asiéndome la mano.

    —¡No me toques, te lo ruego! —grité retirando la mano violentamente y levantándome de la mesa, alarmada por la sensación enloquecedora de una mano de hombre—. ¡Mira que en este momento soy una olla de presión!

    —Pero tú te lo buscas.

    —Sí, yo me lo busco, pero es asunto mío. Les ruego que respeten mi decisión.

    —Yo te respeto, mujer —dijo ella.

    Estaban desnudos aún, sentados a la mesa, lo que me mantenía nerviosa. Recogí la mesa y me metí en la cocina a fregar y afanarme para tratar de calmarme un poco, inútilmente. Lo único que me calmaría sería follar y decidí bloquearme eso. Mientras más urgencia tengo de que me follen más me empecino en permanecer virgen y casta. Un orgasmo me haría un bien enorme, pero eso es precisamente lo central en mi vida: cero orgasmos nunca ni jamás.

    Tercer mes…

    Se va acercando la fecha que me fijé para tomar la Decisión Definitiva, es decir, pasar la vida entera sin copular ni masturbarme. Estoy tan segura de que eso es lo que voy a decidir que podría hacerlo ahora mismo. Pero no. Quiero ser seria conmigo misma. No quiero andar dando bandazos. Todo a su tiempo.

    No quiero ser frívola con esto, que es la primera gran decisión de mi vida. Y quiero que sea de verdad.

    Y no decido esto por falta de deseos, que son enormes, desesperados, frenéticos. Pero mientras más histéricos mayor es mi voluntad de reprimirlos. De verdad me hace mucha falta sentir orgasmos. Gozar con un hombre, con varios. O tan siquiera masturbarme. Pero me metí en esta aventura maniática y quiero ver a dónde llego. Quiero irme a la tumba sin haber sentido un hombre dentro de mí. Sí, es un capricho, pero como capricho es centelleante, seductor, espléndido. Me gusta, me cautiva, corrompe, rapta. En cierto modo me desvirga, me desflora, me abastece mi necesidad perentoria de orgasmos. Como si los sintiera, como si me revolcase con muchos varones.

    Son tantas las andanzas que me abre la abstinencia… Ya me imagino, por ejemplo, como una vieja amargada criticando a las jovencitas, sobre todo a las que tienen muchos novios y llevan una vida sexual gustosa. De hecho ya ando llorando por los rincones. He vuelto a llorar porque logro controlar el llanto delante de la gente. No quiero dar espectáculos. Esto es asunto íntimo que no quiero tramitar en público. Quiero bastarme yo solita para esto.

    No me siento mejor que nadie por no copular ni tocarme. O sí: siento que soy mejor que todas las chicas de mi edad que andan apareándose como unas loquitas. Retener mis impulsos me da una superioridad moral formidable. Me siento excelente, exquisita, sublime. Me siento elevada, empinada, excelsa. Como si no fuese de este mundo. Si me dejase penetrar por un hombre me poseería, me dominaría, me gobernaría. Sería inevitable si me dejo manejar, manipular, manosear y perforar por un macho. Quiero ser independiente, libre, emancipada. Un macho me preñaría, lo que me pondría en desventaja, lisiada, embarazada, precisamente. Si voy a estar preñada quiero que sea por mí misma, con un semen anónimo que yo misma me hago inocular, con plena autonomía, no dependo de un varón que me preña cuando él quiere.

    Y tampoco quiero depender de nadie para saciar mi ansiedad sexual. Si calmar eso implica entregarme a un tipo, pues no y mil veces no. Y masturbarme es humillarme, tener un “peor es nada”, un premio de consolación, para que no llore. ¡Vamos! Prefiero llorar como lloro, revolcándome en la cama desesperada porque sé que no tendré alivio.

    Enfrentar estos deseos ardientes me hace sentir valerosa, esforzada, indomable. Sobre todo porque sé, estoy segura, todo lo que gozaría apareándome. Sé todo lo que pasa con un macho. He visto vídeos y he visto al menos a una pareja hacer eso delante de mí, estragada, mareada, crispada, encrespada, afligida. Siento una envidia venenosa por la chica, la odio, la detesto, me da rabia su risa de mujer saciada, que ha sentido lo que yo nunca he sentido ni sentiré: ser penetrada por un hombre. Ansío ser penetrada, siento la angustia entre mis piernas, pero no sé lo que se siente una vez taladrada con ese vaivén que debe estremecerla de la cabeza a los pies, allí servida por el hombre, con sus piernas abiertas, mientras yo permanezco con las piernas juntitas, como una señorita recatada, que es lo que soy, una doncella reprimida.

    Sí, soy una reprimida, no me da miedo ni me ofende esa palabra. No estoy haciendo nada malo reprimida. Y tampoco me insulta la palabra frustrada.

    Me miro y admiro desnuda en el espejo. Me veo intacta, me siento valiosa, meritoria, preciosa, excelente. Y miro mi rostro ávido, trastornado de deseos, despeinada, desgreñada, llorando de deseos. Me veo magnífica. Como la chica de la foto…

    Soy virgen y morbosa

    No sé si para siempre, pero quiero probar, saborear la virginidad. Soy virgen, soy una chiquilla, pero hasta ahora he sido virgen por default, por dejarme ser. ¿Indecisión? Tal vez. ¿Miedo? No. No tengo miedo al sexo, más bien me gusta mucho y sé que lo gozaría muchísimo si me decido a ello. Pero he descubierto que me siento de lo más bien siendo virgen y quiero vivirlo intensamente. A ver qué pasa.

    Decidí en estas vacaciones vivir intensamente mi doncellez, mi pureza. ¿Cómo? Lo estoy estudiando… Una manera es contemplarme contemplarme desnuda en el espejo. Me miro y recorro mi cuerpo intacto con mis manos. “Este cuerpo está intacto”, me digo en voz alta y me entra un escalofrío divino, que me estremece. Otro modo es tenderme desnuda en la cama, con las piernas bien abiertas, sintiendo cómo nadie viene a penetrarme. Otro método igualmente delicioso e incluso más divino todavía es forcejear con un chico que me besa y me manosea por todas partes —menos por una… Y luego quedarme así, jadeante y desquiciada, sin hacer nada, sobre todo sin hacerme nada, para prolongar la ansiedad. Y aquí viene una técnica que decidí aplicarme en estas vacaciones: no tocarme. No soy pajera, no me masturbo mucho. Sólo cuando estoy muy ansiosa, para aliviarme. Pero nada del otro mundo ni una manía. Sólo para despejarme y ya. Una vez a la semana o al mes, más nada. Pero nunca he probado no tocarme nunca. Eso es nuevo y ya iré descubriendo si aguanto la pela.

    ¿Cuándo decidí gozar mi virginidad? Anoche mientras un chico me enloquecía de besos y caricias. Lo venía pensando desde hace meses, pero anoche me resolví. Por las vacaciones. Por ahora. En otra circunstancia me hubiera masturbado al llegar a casa o escondida en un baño, porque la urgencia era como para eso. Pero no, cerré los ojos y me prometí a mí misma no tocarme y no sólo para sentir mi virginidad, sino para prolongar los deseos deliciosos que sentía. Y una voz interior me dijo que hubiera sido una lástima apagar deseos tan bellos e intensos como los de anoche. Decidí llorarlos, pero eso fue ya en mi cama, desnuda entre las sábanas, olorosa a mujer deseosa, que lloré de ganas. Me encanta llorar de ganas, a veces paso noches enteras llorando de ganas. Es maravilloso. No lo hago a menudo pero ahora lo haré con más frecuencia. Por eso amanecí llorando de ganas, sin haber dormido ni un segundo, gozando intensamente mi virginidad.

    Así como hay chicas que se entregan para experimentar sensaciones, igualito quiero yo experimentar con mi pureza. Tengo derecho, ¿no? Después de todo es mi virgo y decido qué hago con él.

    Y si hay algo que me entusiasma de esto es que ni yo misma sé si será para siempre. Quiero juguetear, probar, divertirme, asustarme con esa posibilidad. ¿Y si es para siempre?, me decía anoche en voz alta, llorando de deseos, aterrada con la posibilidad de que sea para siempre. De que yo misma en un arranque de morbosidad me imponga ser virgen para siempre. Temblé y me sacudí de terror. Pero al mismo tiempo allí desnuda, boca arriba, con las piernas de par en par, me sentí deliciosa, maravillosa, penetrada de alegría.

    Mis amigas no me van a ayudar. Más bien viven alentándome a que me deje “me dé el chapuzón”, como ellas dicen. Debe ser maravilloso que la desfloren a una. No me da miedo perder mi virginidad. Más bien lo ansío como loca. Pero antes de eso quiero experimentar sentirme virgen con la posibilidad bien cierta de que sea para toda la vida. No lo he decidido aún, pero por el momento quiero sentir que es para siempre a ver qué se siente.

    No soy nada religiosa, las monjas me parecen unas pánfilas y no quiero ser una pánfila. Si me quedo virgen no es para ser pánfila. Quiero salir a bailar, a la playa, a que un chico me vuelva loca de caricias, porque los besuqueos y manoseos me encantan. No sé si puedo vivir sin follar, pero sí se que no puedo vivir sin besos y manoseos. Quiero ser una virgen divertida, jaranera, juerguista. No una virgen aburrida. No, no quiero ser monja. Ésa no es mi ilusión, vivir rezando encerrada en un convento debe ser un fastidio interminable. Eso no es lo mío. Pero sí prescindir totalmente del sexo, tal vez para siempre. Ni tocarme siquiera, si es que logro aguantarme. Anoche me aguanté. Me costó pero me aguanté. Y fue rico estar allí desnuda llorando de ganas y no tocarme. ¡Lo logré! Ahora me toca luchar para aguantarme durante todas las vacaciones sin acariciarme ni una sola vez. Si llego a hacerme la paja se romperá el hechizo. Así que tengo que prepararme para ser firme conmigo misma y negarme una cosa tan sabrosa.

    Bajé a desayunar con la familia, ayudé a mi mamá en la cocina, y me sentí maravillosa de andar por ahí ansiosa sin que nadie supiera que ando ansiosa. Mis hermanas mayores, que son unas atorrantas, me felicitaron por mi “éxito” con el chico que me estuvo magreando toda la noche. Rico. Porque fue rico. ¡Riquísimo! Uf. Me sentí maravillosa, volando, halagada, regalada. Y me pregunto entonces ¿cómo será follar? Casi que levité de deseos. ¡Qué sensaciones tan ricas gocé! Pero lo mejor fue desnuda en mi cama, negándome el placer que el cuerpo me reclamaba y suplicaba a gritos. Daba vueltas desesperada en la cama buscando la energía suficiente para negarme ese placer delicioso.

    ¿Volveré a sentir orgasmos? No lo sé. Eso es lo maravilloso, que no lo sé. La sola pregunta me da escalofríos, porque sé que la respuesta bien pudiera ser no. No tengo idea de si al final de las vacaciones tomaré la decisión de mi vida de quedarme virgen para siempre sin tocarme más nunca siquiera. Ah, porque ser virgen y hacerme la paja es una gilipollez monumental, una majadería sin sentido. Si voy a ser virgen es virgen completa, entera, sin consuelos ni ilusiones tontas.

    Finalmente, en la madrugada, loca que soy, ya se habrán dado cuenta, cogí hielo de la nevera y lo eché en mi bañera, donde me metí para tratar de enfriarme. Me alarma que no me sirvió de mucho, no me calmó las ganas, más bien creo que me está comenzando un resfriado. Bueno, por suerte al menos conservo las ganas de echarme un buen polvo, salir a la calle y ofrecerme al primero que pase…

    Anoche cogí un espejo para contemplarme la bichita húmeda y el himen intacto. Así está, esperando no sé qué porque a lo mejor decido conservarlo como está. Me da terror llegar a esa decisión. Porque si la tomo quiero que sea una decisión seria, formal, severa, dura, firme, solemne. Si lo hago me hincaré desnuda delante de un espejo, bien deseosa, y juraré delante de mí misma, por mí, que seré castica para siempre. Eso será fenomenal, como para poner una fiesta. No se lo diré a nadie, por supuesto, será una decisión bien íntima. Sólo lo estoy ventilando en este blog anónimo, para intercambiar ideas, morbosamente, ah, porque voy a ser una virgen bien morbosa, por dos meses o por toda la vida. Será una sufridera, pero será una bella sufridera. ¡Es que es tan rico llorar de ganas sin poderse tocar! Anoche lo gocé y lo lloré como una loca revolcándome ansiosa en la cama.

    «Los deseos son para llorarlos, no para gozarlos». Me lo decía en voz alta y más ganas me daban de llorar y más deseos me entraban. Me acurruqué en la cama, en el suelo, con la frente pegada al piso, buscando aliento, algo que me ayudara a aguantar la pela de los deseos. Pero nada. Fue una verdadera pela. ¡Y lo que me espera en vacaciones! Porque no sé si me quedaré virgen para toda la vida, pero lo que son estas vacaciones las voy a pasar completicas virgen e intacta. «Limpia de polvo y paja» porque ni polvo ni paja voy a tener, eso es segurito como que me llamo, como loca, morbosa y desquiciada que soy.

    Ah, porque estoy segura de que si tomo la decisión de quedarme limpia de polvo y paja para toda la vida sé que me voy a sentir maravillosa, sensacional, elevada, perfecta, superior, jactanciosa, prepotente, insoportable. Seguramente amargada y sufrida. Si me he sentido así esta mañana en la cocina y durante el desayudo, conversando pavadas con la familia, como si no estuviera que trino de deseos. Nadie se dio cuenta de lo que me pasaba. Aguanté incluso las ganas de llorar que tenía. Me puse colirio para disimular los ojos rojos. Anoche mismo compré un colirio cuando el chico me regresaba a casa.

    —Es que voy a llorar toda la noche y no quiero que la familia me pregunte pendejadas.

    —¿Por qué? —me preguntó.

    —Yo me entiendo, no preguntes pendejadas tú también —respondí encantada de ponerme al borde de la evidencia sin caer. Al dejarme en casa le pedí un último beso, que fue torrentoso, divino, que me dejó aturdida.

    No soy llorona, pero anoche lo fui. Y estoy segura de que si me quedo virgen voy a necesitar metros cúbicos de colirio, porque voy a llorar toda la vida… Fue tan rico llorar de ganas. Más gozo con un orgasmo, obvio, pero nada como la morbosidad… La morbosidad no me da ningún placer pero me encanta. Rechino de gusto viendo los sitios pornos más desquiciados. Sé que en estas vacaciones el morbo me va a poner loquita, porque la frustración sexual me lo va a exacerbar.

    ¿Debo consultar esto con un médico? ¿Con un psiquiatra? ¿Estoy loca? No. Sólo si tomo la decisión definitiva y me llego a enfermar por falta de hombre, que según parece puede pasar, según he visto en algunas pobres solterones —ah, porque si me quedo virgen voy a ser una solterona, claro, pero no me importa. Hasta a eso estoy dispuesta si tomo la decisión definitiva. ¿Me enfermo? Bueno, gajes del oficio de virgen. Porque ser doncella será un oficio. A aguantarme mi enfermedad. He leído que la falta de sexo nos pone histéricas, nerviosas, irritables, impacientes, morbosas, resentidas, envidiosas. Que así sea si llega a ser. No me importa, así soy de morbosa.

    En fin, si tomo la decisión definitiva aprovecharé para estudiar más de una carrera, cosas difíciles que me tomen tiempo. El tiempo que no voy a pasar follando lo pasaré estudiando y trabajando hasta caer extenuada. Es un buen punto para quedarme virgen. Además, no me enredaré afectivamente con nadie, salvo conmigo misma. Aunque no dejaré de tener momentos con hombres. Eso es demasiado divino para dejarlo, pero con un freno, eso sí, así me llamen reprimida, porque seré una reprimida, claro que sí. ¡Reprimidísima! Tal vez los hombres me evitarán porque me volveré antipática y rencorosa, llorando y cogiendo rabietas por cualquier tontería o por nada. Puede ser hasta divertido…

    Voy a salir a pasear, a ventilar estos deseos que me tienen en vilo, taconeando por ahí, con una faldita bien cortica para que me imaginen recién follada, jejé. O ansiosa de que me follen, que será la purita verdad. Estoy loca de que  un tío me folle bien follada. Y que los hombres me digan cosas bien cochinas de ésas que me mojan.

    No tengo miedo al sufrimiento. Soy dura, tenaz, decidida, tozuda, firme. Y estoy segurísima de que seré sumamente feliz si me quedo virgen para siempre. Igual que sería feliz si me meto a puta realenga. De todos modos seré una virgen bien realenga.

    Por ahora todo va bien, dijo el pollo entrando al horno…