@virgenmorbosa
Virgen y morbosa
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2016-06-01 07:21:41

    Envidiosa

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    Por igual me gusta y sufro ver estas cosas sabiendo que jamás jamás jamás las voy a gozar. Mis amistades se divierten haciéndolo delante de mí, a sabiendas de que no lo hago nunca.

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    Me quedo atormentada, agitada, enardecida… Con la dolorosa pero cada vez más pétrea convicción de que nunca nunca nunca voy a gozar esas delicias. Así quiero que sea, no deseo otra cosa que permanecer frustrada, amargada, resentida, envidiosa, rabiosa. Cada día me siento más amargada por eso, pero como buena neurótica quiero seguir reprimida para siempre siempre siempre, como una estúpida, como una necia, porque nada me impide entregarme a un tipo bien apetitoso, que conozco varios y sé que estarían encantados de follarme y desbordarme de ese placer misterioso que jamás conoceré de ser penetrada. Hay una frase que me estremece y me repito cuando estoy más histérica de deseos: «NUNCA SERÉ PENETRADA POR UN HOMBRE». Lo imprimí en una tienda y la empleada me miró extrañada. Le expliqué:

    —Tal cual, soy virgen y jamás dejaré que nadie me folle.

    —Pero ¿por qué?

    —No tengo la menor idea.

    Es una pancarta grande que colgué en mi habitación, como para no olvidarlo. Mandaré a imprimir otra: «JAMÁS SENTIRÉ UN ORGASMO». O «NO DEBO SENTIR ORGASMOS». Será divertido a pesar del dolor y el sufrimiento de la abstinencia absoluta y perpetua a que me condené no sé por qué. Pero mientras menos lo entiendo más redoblo mi decreto de permanecer intacta para siempre.

    Me he vuelto maniática, criticona, rencorosa. Me encanta verme rodeada de solteronas y de viudas sin hombre en el círculo de tejido y bordado, integrándome a sus conversaciones resentidas y envidiosas de las mujeres que sí gozan el sexo. Me sorprendo diciendo cosas:

    —Esa ramera sólo piensa en revolcarse con quien sea.

    O:

    —Cuando se ponen cachondas no pueden retenerse ni un minuto. ¡Son unas asquerosas!

    Comentarios desbordados de inquina e irritación que sorprenden incluso a las solteronas más agrias.

    Estas imágenes estallan en mis ojos y me revuelven toda entera. Lo peor es que aumentan mi envidia y mi cólera.

    Un año

    Estoy feliz de haber cumplido mi primer año de castidad consciente y decidida por mí misma. Hoy es 31 de julio de 2015. Antes no era casta porque simplemente no había hecho el amor, pero no voluntariamente como desde julio de 2014, ya no recuerdo el día, pero no importa, sé que fue en julio del año pasado. Aunque mis masturbaciones fueron escasas y nada satisfactorias, rapiditas, angustiadas, con un orgasmo histérico que no me saciaba, bueno, ni siquiera eso he hecho desde hace un año entero. ¡Y no ha sido por falta de ganas!

    Ha sido un año de angustia, estremecimiento, frustración, ansiedad, lágrimas, pero también de satisfacción por mi logro, esa victoria me pertenece más que cualquier cópula con cualquier hombre, por satisfactoria que sea. Una cópula es algo que pertenece a dos —o más… Pero la castidad voluntaria pertenece sólo a una. A mí en este caso. No debo mi pureza a nadie.

    En julio del año pasado decidí vivir virgen y casta toda mi vida. Sin orgasmos, para ser más exacta. Ni uno solo, ni por accidente, por eso me puse un cinturón de castidad, para no masturbarme dormida siquiera, como llegué a hacer algunas veces, sin un placer ni grande ni convincente, sólo para «curarme» el tormento de los deseos, pero sin gozarlo plenamente, a menudo lo interrumpía y entonces era peor porque me quedaba más ansiosa aún. No sé en verdad lo que es estar saciada.

    Hoy he comprobado que es posible, que puedo vivir sin saciar mi ansiedad sexual jamás. No es que no me haga falta, ¡me hace falta muchísimo!, pero ahora sé que puedo enfrentar esa ansiedad sin sucumbir al placer sexual. Y no sólo sé que puedo sino que no se lo debo a nadie más que a mí misma. Es un logro personal, íntimo, autónomo, privado. Nadie me lo impuso, nadie me vigiló, nadie me forzó, nadie me conminó —salvo yo misma.

    Me siento orgullosa, ufana, vanidosa incluso de haber podido autocontrolarme, de no haber capitulado a la zozobra que a menudo me atormenta por sentir deseos que decidí no saciar jamás, pase lo que pase, me sienta como me sienta. No me importan las consecuencias de esta locura —sí, es una locura. Lo que me importa es mantenerme firme y decidida a permanecer intacta. Y no sólo virgen y casta, sino sin alivio sexual alguno, es decir, sin un solo orgasmo, porque tampoco me masturbo ni pienso hacerlo, no importa cuánta urgencia me ofusque.

    ¿Planes? Lo mismo. Seguir impoluta, inmaculada y, por supuesto, trastornada. Tal vez lo tome con más serenidad, tal vez no veré tanto a parejas copulando ni tantos vídeos porno. Creo que debo comenzar a comportarme como lo que soy: una solterona. Aún soy joven para eso, pero no importa. Desde hace meses me estoy sintiendo solterona, un poco histérica, un poco neurótica, un poco amargada. A veces me da rabia que otras chicas gocen lo que yo no gozo. Les cojo antipatía sólo porque ellas pueden saciar lo que yo no puedo. En cierto modo estoy impaciente por volverme una solterona amargada. Me visto casi todo el tiempo de sirvienta, pero mi segundo traje es de solterona.

    Una vieja solterona amargada tan, pero tan reprimida que ni siquiera se masturba la muy insípida. Me pongo ropas anticuadas, holgadas, ajadas, desteñidas, para no llamar la atención de ningún hombre. Cualquiera pensará: «Ésta no tiene pareja, pero seguro se masturba»: ¡Pero no! NI eso siquiera. Ni eso me hago. Casta es no tener alivio sexual. Punto. ¿Me voy a volver loca por no tener consuelo sexual? Sea. Me vuelvo loca. Pero de que no me toco no me toco.

    Prefiero pasar la noche en vela desesperada que tocarme.

    Pienso tatuarme algo sobre el pubis. Algo que diga: «Orgasmos jamás». «Intacta». «Insaciada». «Jamás saciada». «Jamás cogida». «Jamás follada». «Jamás penetrada». «Esta mujer no debe sentir placer sexual nunca». Algo así. No sé. Debo decidirlo concienzudamente porque eso estará allí para siempre, tiene que decirlo todo claramente y después no me lo puedo borrar. ¡Sería ridículo acostarme con un tipo con semejante tatuaje!