@virgenmorbosa
Virgen y morbosa
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2016-06-01 07:21:41

    Soledad

    Durante mi encierro de Semana Santa, de Viernes del Concilio a Domingo de Resurrección, sentí la soledad y el aburrimiento de la solterona.

    No había nada para distraerme, no me llevé ni un libro siquiera. Sólo tela para bordar e hilo para tejer. Me aburrí como una ostra. Lloraba de aburrimiento. Ni siquiera encendí el televisor, nada. Ni me asomé al balcón, ni canté. Ni la comida que me llevaban me servía de distracción porque ordené una dieta de alimentos deliberadamente desabridos.

    Austeridad, tedio, ansiedad sexual, fantasías eróticas descocadas, unas ganas horribles de masturbarme, pero contenta con mi cinturón de castidad que me lo impide totalmente.

    He descubierto algo inesperado: la abstinencia es adictiva. No sentir orgasmos jamás es una manía que se vuelve más intensa mientras mayor es mi ansiedad sexual. Mientras más enloquecida estoy de tener alivio sexual más quiero permanecer reprimida.

    No acepté que la mucama limpiase. Lo hacía yo. Así pude estar desnuda toda la semana, revolcándome en la cama llorando desesperada de deseos hasta el amanecer.

    En cierto modo gozaba mi desesperación, la falta de alivio me ponía furiosa, pero ¿no era eso precisamente lo que buscaba? En esos días de encierro, aburrimiento y represión sexual confirmé mi decisión de vivir sin saciar jamás mis apetitos sexuales, que cada día son más intensos. Y mientras más intensos menos quiero saciarlos.

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    Así me visto, o sea, como una tontica reprimida… Así quiero y decidí ser. Para siempre siempre siempre. Sin alivio, sin paliativo a mi ansiedad. Gozo mucho viendo a mis amigas copulando, pero también me da rabia. ¡Las odio!

    Estoy cada día más amargada de no gozar nada de esto nunca nunca nunca.

    Es tan bello, me atrae tanto. Pero no es ni será para mí jamás jamás jamás. Contemplo a mis amistades haciendo estas cosas y me siento cada vez más orgullosa de no gozar nada de eso.

    ¡Ni siquiera puedo masturbarme! Hasta eso decidí negarme. ¡Debe ser tan delicioso! Pero me encanta la envidia malsana que me quema por dentro.

    Cada día me lleno más de odio y de amargura. Veo a mis amigas gozando nada más para aumentar mi rabia y mi rencor.

    Semana Santa

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    Decidí pasar esta Semana Santa encerrada y aburrida como una solterona. Alquilé una cabaña y me encerraré a tejer y a bordar, aburrida y amargada.

    No saldré ni una vez. Arreglé para que me dejen la comida en la puerta. Leeré un poco, lloraré, dormiré mal, atormentada por los deseos, me sentiré sola de toda soledad, abandonada, ignorada, oprimida por mi cinturón de castidad.

    Si al menos pudiera masturbarme pero es que ni eso debo hacer. Mi sujeción sexual debe ser completa, total. Sería estúpido decidir no tener relaciones sexuales y aliviarme tocándome. Para eso tengo relaciones sexuales más bien. Mi privación tiene que ser total, maciza, sin resquicios ni espitas. Una mortificación total.

    Cada día estoy más decidida a permanecer célibe, casta, pura. Y cada día estoy más amargada y agria, hosca, de mal humor, resentida, envidiosa.

    Ser una solterona ya dejó de ser un proyecto, porque ya soy una solterona. No soy otra cosa. ¿Que soy joven? ¿Qué importa? Cumplo con los requisitos para ser una quedada, sólo me falta ser vieja: no estoy casada, no tengo amantes, jamás tengo relaciones sexuales ni me masturbo, vivo amargada por la falta de satisfacción sexual, ningún hombre me mira debido a mi conducta aburrida y hosca, aparte de mi atuendo pasado de moda y ajado, gris, sin adornos.

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    No me maquillo, no uso joyas, no voy a fiestas, no salgo, apenas voy a una biblioteca a buscar libros, no voy al cine, no veo televisión, no oigo radio. Sólo veo vídeos porno… Trabajo de sirvienta en casas de mis amistades y de mi familia. Hago cursos de labores domésticas. Bordo, tejo, coso. No tengo diversiones. No juego ni solitario. Mi vida es sólo trabajar de sirvienta y practicar una abstinencia férrea y estricta.

    Eso haré en Semana Santa. Mi plan es aburrirme, sentirme sola y amargarme, aburrida como una tonta.

    Me encanta esta página porque contiene exactamente todo lo que jams me haré… En toda mi vida. Estoy orgullosa de mi completa y permanente privación de orgasmos. Es un intenso y bello sufrimiento. ¡Lo amo!

    I love this site because it contains exactly all the things I’ll never do to myself… In mi whole life. I’m proud of my complete and permanent deprivation from orgasms. It’s an intense and beautiful suffering. I love it!

    Envidia

    Una de mis amigas se toca mirándome así, para provocarme ¡y me hace sentir tan tonta! Porque eso soy, una tonta que ni siquiera se masturba.

    Viernes, hoy comienza la locura entre mis amistades, desde esta noche entran en celo y no paran de follar hasta el domingo en la noche, delante de mí. Es inevitable: voy a saturarme los ojos de sexo durante todo el fin de semana. Es decir, voy a sufrir, voy a llorar humillada por no gozar lo mismo que ellos. Me encanta llorar de deseos.

    Yo andaré vestida así. Pero es mi extraña delicia no poder hacer nada de eso. Ni tocarme siquiera. Soy una loca de negarme todo eso, definitivamente. Sólo mirando, imaginando, sufriendo humillada, apartada, relegada, ignorada, afanándome en mis oficios de sirvienta para ellos, limpiando, ordenando, cocinando, con mi uniforme de doméstica, atormentada de deseos, marginada, puesta de lado, sin poder meterme con ellos en una de las camas. Sólo espero neurotizarme bastante, amargarme, llenarme de rencor y de rabia.

    ¿Seré una solterona amargada? ¿Por qué no?

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    Es normal que a mi edad temprana no sepa cuál será mi acomodo definitivo. No tengo novio ni marido, de modo que no sé cómo será mi vida en pareja. Ni si tendré pareja. ¿Seré una solterona aburrida y amargada por la prohibición total de sexo? Debo considerar todas esas posibilidades. ¿Voy a ser más bien una libertina depravada? Depravada soy ya, ¡mucho! Ahora que estoy considerando quedarme virgen para toda la vida los deseos sexuales que estaban dormidos han estallado como fuegos artificiales. Han comenzado a obsesionarme y ofuscarme. Me vienen como en linterna mágica toda clase de fantasías eróticas, todas bien viciosas, por eso me autocalifico de virgen morbosa, pero también podría llamarme virgen depravada, porque tener cero vida sexual no significa que mi sexualidad vaya a ser nula. No podré tener alivio, ¿quién me lo prohibiría? ¡Yo misma! Y eso es suficiente para que la imposición sea terminante y definitiva. Nada de placer ni alivio sexual pero sí una intensa vida sexual, por lo que estoy viendo en estas primeras 24 horas de virginidad forzada. Una vida sexual llena de fantasías pervertidas, de deseos desquiciados, de llanto, de insomnios, de frustración, de amargura, de resentimiento, de envidia rencorosa por las que sí pueden gozar, etc. Porque una vez tomada la Decisión Definitiva de quedarme virgen voy a ser seria y comprometida conmigo misma, fiel a mi contrato conmigo misma, consagrada a mí misma. Como no andaré follando tendré tiempo de sobra para cuidar mi salud, hacer ejercicios, me cultivarme, ir a exposiciones, leer mucho, ver muchas películas, hacerme una intelectual que no atraerá a los hombres y no me importará porque decidí ser virgen. Me interesarán los hombres, me atraerán, los desearé tal vez obsesionada por la prohibición de acostarme con ellos, pero fuera de eso no me harán perder el tiempo relacionándome con ellos en plan de pareja. La vida en pareja toma tiempo, sea como esposa o como amante o incluso como lance ocasional.

    Ayer nomás pensé que sería una virgen juerguista, con novios, bailes, etc. Pero no, pensándolo de nuevo, si no puedo follar, voy a ser una mujer latosa, siempre de mal humor por la falta de alivio, irritable, chinche, histérica, neurótica, siempre sedienta de sexo para nada, seguramente me volveré una perversa que no folla pero se dedica a cultivar toda clase de fantasías de barranco, de burdel barato. Porque debo prepararme para esto de no sentir orgasmos nunca, lo que puede desequilibrarme radicalmente. Porque cuando digo no tener sexo ni orgasmos nunca es nunca. No que de vez en cuando me daré una pajita para estabilizarme y no ponerme histérica. No, si la falta de alivio sexual me pone histérica pues tendré que afrontarlo, así me vuelva una ermitaña a quien nadie se acerca por estar siempre rabiosa y exasperada. Ver una chica linda con un novio me hará montar en cólera y odiarla con toda mi alma de solterona siempre insatisfecha y contrariada, odiando a la pobre chica inocente sólo porque sé que la pasa bomba con su novio, que a su vez me atrae pero que me repudia porque la prefiere a ella porque yo soy un alimaña molesta y grotesca. Y como voy a ser una morbosa seguramente me daré a fantasear cómo follan, qué le hace él, qué le hace ella. Terminaré encerrada en mi oficina o mi habitación llorando de rabia y de encono por todas las chicas que andan gozando de cama en cama mientras yo soy desechada, rechazada, nadie me invitará a una fiesta, a un cocktail, a una diversión porque todo lo echaré a perder con mis comentarios agrios sobre las muchachas más bonitas y satisfechas. Viviré sola y avinagrada, ignorada.

    Tal vez para compensar me dedicaré a escalar posiciones en una universidad, una empresa, un partido político. Como tengo tiempo para formarme me haré imprescindible y me entregaré a acumular poder para tener modo de ejercer mi acrimonia contra las chicas afortunadas que me temerán y odiarán, se reirán de mí a mis espaldas, lo que me pondrá frenética de rabia porque me llamarán vieja loca o qué sé yo, solterona falta de sucusucu, no sé. Anda a que te den por donde es, vieja biliosa.

    O tal vez la virginidad no tiene que ser esta cosa fea, sino llena de alegría, de más bien ponerme feliz porque veo a una pareja feliz. Colaboraré con los dos, les cocinaré platos deliciosos, les regalaré un viaje de placer y les pediré fotos íntimas para llorar mirándolas ansiosa. Visitaré burdeles y pagaré para ver parejas follando nada más para encenderme y sentir que sí tengo sexo pero no lo uso nunca. Iré a los paseos pero sólo de chacha, de sirvientica, para servir tragos, cocinar, limpiar, barrer, arreglar para que los demás gocen. Me haré una solterona muy popular. «Es solterona pero simpática», dirán. Participaré acalorada en las conversaciones sobre sexo, comentando cosas bien subidas de tono, bien morbosas y atrevidas, que evidenciarán mi tremenda frustración sexual. Será una frustración sufrida pero no amargada porque celebraré dichosa el amor en los demás, aunque yo me lo niegue. Si me pongo furiosa por las ganas insatisfechas me apartaré discretamente a llorar mi dolor solita, sin molestar a nadie. Regalaré ropa íntima y juguetes sexuales a las parejas. Les daré ideas, porque seré virgen pero puedo de todos modos adquirir una profunda y profusa cultura sexual que pondré al servicio de los demás. Las chicas vendrán a consultarme sus cosas, sus intimidades y les daré ideas y recomendaciones para complacer a sus parejas y para gozar más ellas mismas.

    Quizás un día me entre una crisis nerviosa y tenga que irme a una institución mental, según la gravedad de la crisis. Tal vez necesitaré un psiquiatra, pero abandonar la castidad jamás. Él me recomendará salir a follar pero yo me negaré, me pase lo que me pase y si es que voy a terminar loca pues loca terminaré, atada y dando gritos e mismo n un manicomio. Soy seria y no pienso romper mi propia promesa, al costo que sea. No le tengo miedo. Por eso mismo tengo que tomar una Decisión Definitiva bien pensada, bien examinada, calculada, meditada, sabiendo todo lo previsible. Será muy hermoso y estoy cada vez más entusiasmada con la idea de quedarme virgen, pero no debo precipitarme a tomar una Decisión Definitiva a la ligera como si fuese algo frívolo. Seré una virgen depravada pero no frívola. Será algo muy serio y grave, decidido con prudencia y cautela, porque estoy consciente de que significará un intenso sufrimiento por el resto de mi vida. No tener relaciones sexuales ni orgasmos no es cualquier cosa. Debo pensarlo bien.

    O quizá finalmente no me quede virgen sino que será sólo una manía pasajera por estas vacaciones y luego voy y me acuesto con éste de aquí o aquél de allá. O con los dos. No tengo prejuicios con ninguna forma de sexualidad, salvo cosas peligrosas o que dañen gente indefensa, como niños. De resto todo. Incluso quedarme virgen para siempre, que es tal vez la peor morbosidad.

    Me encantaría, por ejemplo, hincarme al lado de una cama contemplando estragada a una pareja follando, sin yo participar para nada, excitada hasta la histeria para nada, teniendo años de frustración sexual acumulada, anhelante, histérica. Para luego pasar la noche entera llorando desesperada. Tal vez me convertiría la empleada doméstica de esa pareja, vestida de sirvienta y todo. Eso me encantaría. Sufriría mucho, claro, pero me daría mucho morbo verlos copulando sin yo poder participar, radicalmente excluida y ninguneada.

    En este primer día de virginidad elegida y cultivada he sufrido mucho. He llorado, pero también he meditado mucho. Tal vez mi destino de solterona sea una mezcla de amargada con morbosa que goza viendo gozar a los demás pero también le entran rabietas de envidia. Eso sería genial. Sería bellísimo renunciar a todo placer y alivio sexual. Me da mucho susto pero también me atrae lo bello que sería, por lo que tiene de abnegación y de sacrificio. Porque si me voy a quedar virgen quiero que sea no sólo para sufrir sino para servir a los demás, algo así como una hada madrina. No sé. Tengo que pensar más este punto porque yo misma no lo entiendo todavía. De todos modos estoy gozando esto, he sufrido mucho desde ayer por los deseos represados y paradójicamente exacerbados, pero el morbo me causa mucho regocijo, entusiasmo e ilusión. Cada vez me atrae más la idea de pasarme la vida entera sin follar ni gozar ni un solo orgasmo. Ni uno solito que me “saque de penas”. No, nada de eso, si es por sufrir pues estoy dispuesta. Bueno, aún me quedan unos dos meses hasta el fin de las vacaciones para estudiarme y prepararme para la virginidad y la frustración sexual perpetuas.

    Está visto: soy virgen y morbosa.